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Orfeo

01/06/2008 GMT 1

Novelita escrita entre todos

prometeo @ 22:22

Capítulo 1 EL ENCUENTRO

Era una mañana como otra cualquiera. Carmele se levantaba todos los días a las siete, desayunaba y se vestía. Cuando estaba ya lista, salía a coger el autobús para la Universidad. Lo esperaba leyendo su libro favorito, “un día cualquiera". Pero hoy, mientras iba a la Universidad pensó que no sería un día como los demás. Llegó al lugar de destino. Se bajó del bus y se dirigió a la clase. Mientras esperaba que llegase el profesor, notó algo extraño. Vio a gente nueva por los pasillos con una vestimenta un poco rara. El profesor tardó mucho en llegar, y cuando llegó sonó el timbre del descanso. Carmele decidió ir al baño y entró tranquilamente, pero se chocó con un chico alto. El chico muy educado le dijo:

   -¡Tranquila! ¡No pienses mal, que sólo me han contratado para  arreglar los baños y, por suerte, me ha tocado en el de  chicas!

Ella le respondió:

   -No te preocupes. No pasa nada. Ya me iré a otros baños.

El chico sintió un flechazo y le dijo.

- Por cierto.. discúlpame por ser tan mal educado, pero nos deberíamos haber presentado.

Ella sonrojada le respondió:

 -Mi nombre es Carmele y estudio empresariales en esta Universidad. Tú ¿cómo te llamas?

 -Mi nombre es Jose. Soy obrero y tengo veinte años. En vez de estudiar, ya ves lo que me ha tocado.

Tras haberse presentado, ella, insinuándose un poco,  le pidió un favor

-Ya que me has pedido disculpas por el choque que hemos tenido, me lo podrías recompensar de alguna forma.

Él con el corazón palpitando le dijo:

 - Te aseguro que nos volveremos a ver. Este es mi número de teléfono.

Carmele tuvo que volver a la clase y se despidió con dos besos.

Jose se quedó confuso. ¿Sería buena idea llamar a Carmele?

  Capítulo 2: El amor nace  

Al cabo de varios días de pensar en ella, Jose se decide, por fin, a invitar a salir a Carmele.

  -  Carmele, soy Jose. ¿Te acuerdas de mí? 

   -   ¡Cómo no voy a acordarme! 

   -  ¿Te gustaría salir este fin de semana a dar una vuelta por ahí? 

   -    Bueno. Sí. ¿Cómo y cuándo quedamos? 

   -   ¿El sábado a las ocho, en la Virgen Blanca? 

   -   ¡Vale!. Ahí nos veremos. 

   -   ¡Agur! 

   -   Agur!! 

Llega el sábado a las ocho y Jose se dirige a la Virgen Blanca. Cuando llega, ahí está esperándolo Carmele. Se saludan y se dan dos besos.  

-         ¿Qué tal estás? ¿Llevas esperando mucho? 

-         No, no. Acababa de llegar.  

         ¿Vamos a cenar? 

-         ¿A dónde? 

-         Al Andere. Invito yo. 

-         Vale 

Jose y Carmele se dirigen al restaurante. Al llegar piden una mesa para dos. Terminan de cenar y se ponen a hablar cada uno de su vida. Cuando Jose se da cuenta y mira el reloj ya son las doce y media.

 -         ¿Vamos a algún bar a tomar algo? 

-         Lo siento, pero es que me tengo que ir porque mañana quiero madrugar para estudiar. 

-         Bien. Vale. ¿Te llevo en el coche? 

-         Si  no es mucha molestia… 

Salen del restaurante, cogen el coche de Jose, se montan ambos y Jose pone rumbo hacia la casa de Carmele. Al llegar la acompaña hasta su portal. 

-         Muchas gracias por traerme. 

-         De nada. ¿Te lo has pasado bien? 

-         Sí. Ha estado bien la cena. 

-         ¿Te gustaría quedar otro día para salir por ahí? 

-         Sí, por supuesto. 

Jose se acerca  y le da un beso largo en los labios. Ella se deja llevar. Al cabo de un tiempo se separan. 

-         Bueno.. Agur. Me tengo que ir ya.  

-         Agur. 

Capítulo 3 . EL AMOR VENCE A LOS ENEMIGOS PERSONALES

A partir de ese encuentro las citas empezaron a ser muy frecuentes y el amor entre ellos surgió de una forma natural. A los padres de Carmele no les hacía ninguna gracia esta relación e intentaron deshacer el vínculo que había entre ellos. Pero su amor era tan inmenso e inimaginable que podía vencer todos los obstáculos.Cada día, Jose y Carmele estaban más juntos. Salían de noche, a comer todos los días.. Jugaban a un minigolf que se encontraba en un centro cívico cercano…Él no paraba de sorprenderla con sus regalos y sus besos.Fueron unos meses de felicidad para los dos. Ninguna mala noticia logró sacarles esa enorme sonrisa.Pero muy cerca de Jose y Carmele se encontraba un hombre vestido de traje, camisa y corbata. Era un muchacho inteligente, astuto y envidioso. Estudiaba en la Universidad de Empresariales, la misma de Carmele. Se trataba de Mariano, el ex-novio de Carmele. Él había dolorido al separarse de ella. Lloraba como un niño y estaba descontrolado.Era uno de los más destacados en la Facultad. En los exámenes sacaba entre 9 y 8. Le habían ofrecido una beca para ir a Oxford o a la Universidad de Salamanca. Pero él no la aceptó. No porque no quisiera ir, sino por una sola razón: “ella”. Al enterarse del noviazgo de Carmele, se empeñó en deshacer la pareja. Día a día se sentaba en el sofá de su casa, a planificar como provocar la separación.Dos meses después, un día Jose y Carmele habían estado caminando por los lugares históricos de Vitoria-Gasteiz, visitando la catedral y paseando por el Parque de Florida y acabaron en casa de él. Mientras ella preparaba la cena, y  él se daba una ducha, en pleno silencio, sonó el teléfono. La estudiante contestó: 

-¡Hola!

-¡Hola!.Por favor, no cuelgues y escucha - dijo el desconocido con voz ronca. 

-¿Quién eres?- espetó Carmele con voz queda. 

-¡Estoy muy cerca de ti, pero no te asustes! 

-¿Qué quieres?- contestó Carmele asustada. 

-¡Yo, nada!.Quiero avisarte que, en una semana, Jose te engañará con otra! 

-¡Pero...!. ¿Qué dices? 

-¡Solamente la verdad! 

-¡No quiero que llames más! - gritó Carmele 

Ella colgó el teléfono. Estaba destrozada la pobre. Lloraba tanto que parecía las cataratas de Iguazú. Inmediatamente fue Jose a consolarla.Al día siguiente ella estaba más tranquila, relajada y volvió a sonreír. Decidieron realizar una denuncia a la policía, pero ella, después, se negó a hacerlo.Los días iban pasando y nada sucedía.Llegó el día séptimo después del acontecimiento del teléfono. Carmele comenzó las especulaciones e hipótesis con respecto a lo que dijo el misterioso hombre. Pero nada sucedía. José estaba acostado en el sofá-cama muy cómodo y tranquilo. Entonces, ella, se lo tomó como una mala broma. Al fin, todo parecía haber terminado. En esos instantes, Carmele decidió ordenar todo la casa de Jose. Todavía ellos no vivían juntos, pero se visitaban frecuentemente.La estudiante comenzó a fregar el piso, ordenar, limpiar - los típicos deberes de la casa. Se puso a lavar la ropa. En esos momentos se detuvo a mirar un sujetador y una braga roja. No podía recordar si era de ella. Empezó a atemorizarse porque no se acordaba y tenía miedo de que no fuera suyo. Estuvo 3 horas pensando y se le notaban ojeras del cansancio. Con mucha furia y una mezcla de nervios, llamó a Jose: 

-¡Ven para acáa, ya! - exclamó con un enojo tremendo. 

-Sí. Ya voy...¿Qué pasa?-interrogó inocentemente. 

-¿De quién es esta ropa?- dijo gritándole y dándole golpes en la cabeza. 

-¡Para!, ¡para! ¿Qué me estás diciendo? 

-¡No te hagas el sordo! - respondió Carmele 

-¡Pero si eso en tuyo! ¿no? 

-¡No! ¡Porque no lo reconozco!- impetó derramando lágrimas 

-¡Pero, mi amor! ¿Cómo vas a dudar de mi fidelidad? 

-¡Es que no sé de quién es! -dijo Carmele llorando desconsoladamente. 

-¡Tiene que haber una explicación para todo! 

-¡Yo, por ahora, me iré! ¡Tengo que reflexionar sobre esto! ¡No sé si voy a volver! ¡Adiós! 

-¡Espera! ¡No te vayas! ¡Te juro que no te engañé! 

-¡Lo siento ! ¡ Chao! 

Fueron los días más tristes de sus vidas. Jose no paraba de llorar. No tenía ni idea de lo que había ocurrido. Ella trataba de olvidarlo para siempre pero no podía. Su amor era más fuerte que el acero.En la semana siguiente, Jose estaba limpiando, ordenando…todo lo que hacía Carmele. Esto le ayudaba a recordarla cada vez más. En esos momentos, encuentra un reloj  de pulsera, de esos que se ponen en las muñecas. Era muy elegante, por lo que pensó que valdría mucho dinero, pero después de unos instantes se preguntó de quién sería eso. Él creyó que era de Carmele. Entonces la fue a visitar. Tocó el timbre de la casa: 

-¡Hola! ¿Quién es?-respondió Carmele mirando por la mirilla. 

-¡Yo! ¡Jose!. 

Para ella fue el momento más feliz de su vida. Intentó.... y le abrió la puerta. 

-¡Hola!- contestó Carmele con una voz muy dulce. 

-¡Hola! ¿Cómo estás? 

-¡Bien! ¿Y tú? 

-¡Yo, más o menos..pero bien! Vine para saber si este reloj es tuyo. 

-¿A ver? 

-¡Mira!- le enseñó el reloj con cuidado. 

-¡No! ¡Esto no es mío! 

-¡Pero...! ¡Si no es tuyo! ¿De quién es? 

-¡Entra a mi casa! 

-¡Permiso! Ellos volvieron a estar juntos. Se les notaba la felicidad que tenían antes. Esas sonrisas preciosas. Carmele tenía de nuevo los cachetes muy coloraditos. Pero, a su vez, estaban investigando el reloj, porque al parecer no era de nadie.Jose miró por la parte de abajo y encontró un nombre que estaba tallado a mano. Se lo enseñó a ella y decía Mariano. Carmele recordó ese nombre y no lo podía creer. Le contó a él la relación de este hombre con ella. Hubo un minuto aproximadamente de silencio, hasta que a Jose se le ocurrió una idea y gritó: 

-¡Él nos quiso separar! ¡Lo voy a matar! 

Ella trató de consolarlo y le ayudó a calmarse. Sus corazones volvieron a florecer.Pero Jose no pudo contener su ira. Entonces salió disparado de la casa. Mientras tanto, ella lo esperaba. Su cuerpo temblaba y, a su vez  le pedía a Dios que no sucediera nada terrible.Cinco minutos más tarde, sonó el timbre. Carmele abrió la puerta rápidamente. Era Jose. No presentaba ningún tipo de maltrato. No estaba despeinado. Sólo le dijo: 

-¡Te amo! ¡Te amo tanto que mi amor por vos llega hasta lo más infinito! 

Carmele mostró una fuerte sonrisa y le dijo: 

-¡Yo también! 

Todo terminó con un beso inigualable.         

Capítulo 4. El amor triunfa

Cada día que pasaba el amor que había surgido se hacía más fuerte, más intenso. Entre ellos había una conexión muy positiva. Ninguno de los dos podía prescindir del otro.¡Se les veía tan contentos! Era como si en el mundo sólo existieran ellos, nada hubiera a su alrededor Todos los días se veían. No podían estar ni un par de horas separados porque se echaban mucho de menos, les parecía una eternidad. Estaban muy enamorados. Cada minuto, cada segundo, lo disfrutaban al máximo porque tenían presente que nada es para siempre. No sabían lo que podía pasar con lo que había ocurrido con Mariano. Había sido muy fuerte para los dos y temían que llegara a ocurrir otra situación así. Pero sólo era por momentos que se ponían a pensar en eso.Su amor se había fortalecido al superar la situación. Carmele por estar pensando en Jose, descuidaba mucho el estudio e incluso llegó a tener notas demasiadas bajas y tuvo que recuperar. Jose, por el contrario, tenía más ánimos para trabajar porque quería complacer a Carmele en todo. Él se sentía muy culpable por las consecuencias de su relación en los estudios de Carmele y le dijo:   

- Amor, ¿por qué no nos dejamos de ver un poco para que superes tus estudios?   

- ¡Mi vida! Mis estudios me interesaban mucho más antes de conocerte, pero ahora, ya sabes que lo más importante que tengo eres tú.  

- Pero, por favor no dejes de estudiar, amor mío, que yo sé que en el fondo te interesa y puedes llegar a  arrepentirte algún día.   

-Dejémoslo así. Tratare de estudiar más pero, por favor, mi vida, no me pidas que dejemos de vernos. No podría soportarlo. Te quiero. Después de dos semanas a Carmele le volvió a ir muy bien en la Universidad y todo era como antes.Pasó un año. Iba bastante bien su relación y decidieron irse a vivir juntos. 

Capítulo 5 EL AMOR VENCE A LOS OBSTACULOS MATERIALES 

Con la convivencia, la relación entre ellos empezó a complicarse. Era Navidad. Carmele estaba muy disgustada con Jose, porque  se había gastado casi toda su paga extraordinaria en las máquinas tragaperras. Debido a eso, no tendrían suficiente dinero para poder comprar los regalos a sus correspondientes familiares.Jose, enfadado porque Carmele no paraba de echarle la bronca, decidió irse de casa dando un buen portazo para intentar desahogarseCarmele se puso triste y llamó a una amiga, que se llamaba María, para intentar desahogarse 

-Hola -Hola. ¿Qué tal Carmele? ¿Qué te pasa? Es que te noto triste. 

-Nada, chica. Este tío, que cualquier día me va a matar de un disgusto. Ha cogido y se ha ido enfadado. 

-¿Pero qué ha pasado? 

-¿Te acuerdas que te comenté lo de que, por fin le iban a dar un incentivo más en Navidad? 

-Si. 

-Pues va el listo de él, y se lo gasta en las máquinas tragaperras. 

-Pero tu no te preocupes ,chica, que ya verás como se arregla todo. 

-Al menos eso espero. En fin... no te amargo más con mis problemas. Ya nos veremos, que me voy al Súper. Hasta luego, María. 

-Vale, ¡Y no te pongas triste! Adiós. 

-Adiós. Carmele se fue al Súper del Corte Inglés.

Allí se encontró a Mariano, que estaba viendo televisiones porque se le había ocurrido comprarse una, pues  estaba forrado de pasta. 

-¿Qué tal Carmele? 

-¡Ah! ¡Hola! Bien, ¿Qué haces por aquí? 

-Nada, a ver si me compro una pequeñita televisión de “50 pulgadas” para mi habitación. Y tú ¿qué?, ¿sigues con el holgazán de tu marido? 

-Sí. Sí que sigo y no te permito que le insultes. 

-Bueno, vale,  no te pongas así, chica. En fin.. si quieres llamarme, me tienes para lo que me necesites ¿vale? 

Carmele, al oír eso pensó que Mariano era un cerdo pero.. , por otra parte, se le ocurrió una idea. 

-¿Ah, sí? ¿Para lo que necesite? ¿Y tú me dejarías 2000 euros? 

-¿Eing? ¿por..? ¿qué pasa?, ¿tu noviecito no gana lo suficiente?- dijo irónicamente

- Te lo advertí; me tenías que haber elegido a mí. Yo soy un buen...

Carmele interrumpiéndole. 

-¡Bueno! ¿Me los prestas o no? 

-No sé. ¿Qué ganaría yo a cambio? - dijo Mariano insinuándose... 

-Pues, de momento, lo único que ganarás de mí, será un tortazo como sigas acercándote. 

- ¡Bueno! ¡Como quieras! Sí es que.. de bueno, soy tonto. Mañana te hago un ingreso en tu cuenta. 

Al día siguiente, Carmele se despertó y fue a ver un rato la tele mientras desayunaba. Cuando vio a Jose que se había quedado dormido en el sofá 

- ¡Dios!, ¡ qué mono está cuando duerme!  y ¡qué mono es cuando está despierto! Si es que... Al rato mientras Carmele preparaba el desayuno, Jose se despertó. 

- Jose, ¿Sabes a quién me encontré ayer? 

-Hola. Bueno..  lo primero pedirte perdón. Lo siento por lo de ayer. ¿Me perdonas? 

-¡Pues claro que sí, mi cabezón! 

-Y bueno, ¿a quién te encontraste? 

-A Mariano.

-¿A ese imbécil?. ¿Y dónde te lo encontraste? 

-En el Súper. Y, por lo menos, gracias a él, ya tenemos regalos para esta Navidad. 

-¿No se te habrá ocurrido lo que yo creo, no? 

-Pues sí.  Esta misma mañana tendremos en la cuenta 2000 euros para gastos. 

-¡Pero,  Carmele!, ¡ese so gilip... luego va a estar tocándome los huevos! ¿Cómo se te ocurre? 

-Bueno.. para empezar.. ¡no le hubiera tenido que pedir dinero, si tú no jugaras tanto a la maquinita! 

-Vale, vale. ¡ Lo siento!. Dentro de lo malo... Si es que entre ese imbécil y tu padre me vais a sacar de quicio. 

-¡Anda!  ¡ Tómate el desayuno y calla! Que ya esta todo arreglado. -Vale. ¡Hay que ver qué bien cocinas! 

-Gracias. 

Y así solucionó su problema. Sellaron sus paces con un gran beso. 

Capítulo 6. El amor disminuye 

Llegó el verano, el esperado y necesitado verano. La capital vasca brillaba. Los árboles mostraban sus frutos y la ciudad se vaciaba. Jose y Carmele organizaron una pequeña salida a Donosti. Pasaron una semana en la playa. Se metían todas las tardes en el mar. Las olas acariciaban sus espaldas. Al anochecer, paseaban por la playa. El martes de esa semana dieron un paseo hasta “El Peine De Los Vientos. Se lo pasaron tan bien que se les olvidó que el lunes Jose tenía trabajo. El domingo volvieron a Vitoria. Jose estaba trabajando en la obra de un banco; “Ing Direct”. Aparcó el coche en la acera de su calle y subieron al piso. Al llegar la puerta estaba  precintada. Jose se puso blanco y, sin mediar palabra, bajó las escaleras. Carmele no entendió nada. Entró en el piso y todo estaba revuelto.  -Llamaré al vecino. El sabrá.Llamó al vecino y éste le comunicó que no sabía nada. Carmele, cansada y al borde de un ataque de nervios, decidió dormir.Sonó el teléfono. Carmele, medio dormida, se levantó a coger el auricular. 

-¿Quién? 

-Soy yo. Jose. Escucha.. Estoy en la cárcel. Me he metido en un buen marrón. No vengas. Llama a un abogado...

Jose seguía hablando pero..ella se quedó de piedra al oírle. Carmele fue a la cárcel. Al llegar vio un alguacil. Se dirigió a él y le preguntó:

-Jose..¿dónde esta?

-Jose, Jose...Mmmmmmm. Me suena. ¡Ah... sí! Está en el juicio. ¡Rápido!. Dentro de nada sale. ¡Lo tiene claro...!Carmele se fue compungida a casa. Entre sollozos se tumbó en el sofá. Amaneció. Carmele se despertó y, justo en ese momento, sonó el teléfono. Era él.

-Jose. No sé qué ha pasado pero... 

-Escucha, Carmele....

-¡No! ¡Escúchame a mí! No me gustan tus secretos. Hasta que esto no se aclare no me llames.

Y colgó el teléfono.  

Capítulo 7.  La Separación 

Carmele había ido a casa de sus padres a pasar unos días para pensar un poco en todo lo ocurrido, aclarar su mente y tomar decisiones, al ver que Jose no era de fiar.  Si  la policía le había llevado a la cárcel, no era en vano. Aunque le hubieran soltado ya, ahora tenía muchas dudas y estaba muy decepcionada con él. Cogió su coche y fue a buscarle al  piso.En estos momento su decepción se había convertido en enfado, al pensar por qué, si tenía Jose algo que ver en el robo, no se lo dijo o, si vio algo raro en los obreros que ahora huían, por qué no se lo comentó a ella o a su jefe. Estaba fuera de sí. Seguía pensando y cada vez se lo creía menos. Ella no se daba cuenta pero la velocidad de su coche ya sobrepasaba la velocidad establecida. Un policía que estaba aparcado en una gasolinera, vio su velocidad y rápidamente subió a su coche y la siguió.El agente preguntó  el historial del conductor, copió la matricula y los registros aparecían a nombre de Sergio Ruiz y a continuación comprobó que era robado. Este coche se lo había regalado Jose a Carmele.Al saber que el coche era robado, el agente le dijo a su compañero que con el megáfono le exigiera  detener el coche y no ofrecer resistencia. Pero ella ya estaba muy lejos para oír esas palabras.Iba ya a llegar al piso., cuando giró bruscamente y en ese momento le sonó el móvil. Al agachar la cabeza  para recogerlo, escuchó y sintió que había atropellado a alguien. Frenó en seco. Estaba muy alterada. No sabía qué hacer. Seguía en el coche con el rostro pálido y muchos nervios.El policía que Carmele había dejado atrás estaba llegando pero se le había parado  el coche a causa de que estaba sin ponerle gasolina.Mientras tanto Carmele había salido y caminó lentamente hacia la persona que estaba en el suelo, ahora ya inconsciente y sin pulso. Estuvo a punto de desmayarse. No se lo podía creer. Era Jose con un maletín lleno de dinero que ahora estaba esparcido por el suelo. Le tomó el pulso  y  notó que era débil. Intentó recogerlo, como pudo, en el asiento trasero del coche. Fue rápidamente al hospital.Al llegar allí le preguntaron qué le había pasado y ella respondió: 

-Un coche lo atropelló y huyó en el acto. Lo he traído hasta aquí pero ya me voy. La policía únicamente encontró en el lugar de los hechos el maletín y la sangre. Comprobaron su ADN  y buscaron a Jose. Se enteraron que estaba en el hospital. Le interrogaron pero él dijo que no tenía idea de quién pudo haber sido y sobre el maletín opinó también lo mismo.Pasados unos meses Jose se recuperó y salió del hospital. Volvió al piso y en la mesa encontró una carta de Carmele donde le decía  que habían acabado con esa relación, que no la buscara, pues se había ido a otro país a seguir sus estudios. La posdata decía que no se creía cómo la había podido engañar todo ese tiempo y descubrir ese maletín en sus manos.Carmele continuó su vida y después de quince años volvió a Vitoria. Por una extraña casualidad se encontró con Jose. En un momento no supieron qué hacer pero se dijeron que hacía mucho que había pasado todo eso. El le comentó que estaba casado y con dos hijos.Ella se alegró por él y le comentó que tenía un buen empleo y que se había casado en Julio. Tuvieron una conversación agradable y se quedaron sin rencores y sin ningún tipo de resentimientos.Continuaron sus vidas, separados... 

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